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Sistema “pactos” y de partidos en crisis; temor al México violento

Tras Bambalinas

*Jorge Octavio Ochoa 

Pareciera que en estas horas la estridencia y la crispación entre los políticos mexicanos ha disminuido, asustados ahora sí por el entorno internacional.

El ascenso al poder de un loco hablantín, remedo de nazi, realmente ha preocupado a los círculos políticos mexicanos.

Las pugnas entre panistas amainaron; las tribus del PRD cesaron los ataques; Morena dejó un momento las burlas a Peña Nieto y López Obrador se volvió de pronto un tipo mesurado.

La crisis es grave y profunda. Los niveles de corrupción alcanzaron su máxima expresión con el caso de Javier Duarte y los propios partidos no dan crédito a esa voracidad sin límites que han demostrado algunos de sus gobernantes.

Todos esos ladrones que hoy se ven, llegaron al poder a través de los partidos. Ellos los pusieron y ellos nunca se preocuparon por llamarlos al orden.

Los gobiernos de coalición también hicieron crisis y Guerrero fue la muestra con Zeferino Torreblanca y Ángel Heladio Aguirre Rivero, de cómo no se debe gobernar.

Ahora todos están bajo cuestión y en la lupa. La alternativa: candidaturas ciudadanas, 2ª vuelta electoral, gobiernos de gabinete, dicen algunos politólogos.

La preocupación es legítima, porque pareciera que el llamado “SISTEMA” se está desfondando.

Hasta ahora, el “PROCESO DEMOCRÁTICO” vivido en el país se ha dado a través de ellos. Pero los partidos políticos, como parte del “SISTEMA”, empiezan a chorrear aceite, en medio de un descrédito total.

La descomposición es grande y el malestar social es absoluto, pero sin un sistema de partidos lo único que se columbra es la anarquía, el caos y gobiernos totalitarios, fascistas, como pareciera que está ocurriendo en Estados Unidos.

Esta preocupación y “me culpa” se ha dejado sentir en los trabajos de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, donde los líderes políticos han iniciado una especie de catarsis, expiando culpas y queriendo exorcizar todos los males.

Lo que quisieran para el país lo han empezado a plasmar para la Ciudad de México, convirtiéndola en conejillo de indias de la cirugía mayor que tarde o temprano tendrá que venir.

Por lo pronto, y en un acto de genuflexión ante las masas irritadas, el viernes pasado aprobaron en uno de sus dictámenes la desaparición del FUERO, figura jurídica emblemática del cómo y el por qué los políticos se hacen multimillonarios a costa del hambre y la ignorancia del pueblo.

También aprobaron la creación de un órgano que fiscalizará al Gobierno local, a las alcaldías, al Congreso, al Poder Judicial y a todos los órganos públicos en la capital de la República.

Es decir, hay un reconocimiento explícito, amplio, de que LA MADRE DE TODAS LAS CORRUPCIONES empezó con ellos y del cómo se sirvieron del poder no sólo para enriquecerse, sino para crear una burocracia política en la que los partidos se reparten los puestos.

Insistimos: la preocupación es real. Bastaría ver y releer los discursos de Porfirio Muñoz Ledo y Jesús Ortega; las largas charlas de Olga Sánchez Cordero para darse cuenta de que ellos mismos están asustados por lo que ha ocurrido y por lo que puede pasar en el país.

Es impresionante y a la vez doloroso ver a un Muñoz Ledo, subir y bajar por las escalinatas del Palacio de Minería, de una Comisión a otra, tratando de “armonizar” lo inarmonizable, y dando cátedras a públicos cautivos, de lo que pasó en México y en todo el continente en ese intento de construir sistemas de gobierno eficientes.

El “Chucho mayor”, Jesús Ortega, ha sorprendido a propios extraños, no sólo por sus expresiones públicas en las que admite la descomposición del aparato político, sino por las iniciativas radicales que ha presentado en las que apoya la desaparición del fuero, la creación de una superfiscalía y lo mejor:

Jesús Ortega fue el único que se atrevió a presentar una iniciativa para terminar con el sistema de componendas, arreglos y corrupción entre el gobierno y los medios de comunicación proponiendo la supresión absoluta y total de espacios de publicidad.

Las televisoras, radiodifusoras y los grandes periódicos dejarían de vivir de esos jugosos convenios y contratos amañados, conocidos como “campañas”, donde los políticos hacen propaganda personalizada o de partido, según les convenga.

También ha planteado junto con el PAN, la segunda vuelta electoral cuando un candidato no alcance al menos un 45% de los votos; la creación de gobiernos de coalición y/o de gabinete donde el elegido en segunda vuelta tenga que sumar en su gobierno a los demás partidos.

Se plantea que la designación de los Secretarios de Estado no sea un acto unipersonal del ungido y sea sometido a la aprobación del Congreso cada caso.

En suma, se admite que el actual diseño político ya no sirve. La entronización de personas en el poder se convierte en una amenaza. Se requiere una reingeniería de la estructura.

Vamos a ver hasta dónde llegan. A la luz de lo que ocurra en la Asamblea Constituyente veremos cuál es el compromiso de los líderes políticos por cambiar a México.

Vendrán grandes cambios, eso se lo podemos asegurar. Pero también grandes decepciones. Por lo pronto, la desaparición del fuero y de las componendas con los medios de comunicación serán dos intentos fallidos, eso se lo apostamos desde hoy. ¡Ya lo verán! ¡Ya lo verán!

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