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Tormenta perfecta, congreso voraz e irritación social en la puerta

Contrafilo

^Por Jorge Octavio Ochoa

A nadie le gusta ser mensajero del diablo ni emisario del desastre, pero esto que ocurre en México lo avizoramos desde hace tiempo y este 1º de enero de 2017 se percibe como el preámbulo de mayores desastres.

Desde octubre pasado ya se temía un estallido social. El gabinete de Seguridad Nacional tenía monitoreado el surgimiento de diversos grupos subversivos que estaban listos para empezar la desestabilización, pero los mismos agitadores se vieron sorprendidos.

El anuncio de los gasolinazos cayó como un mazazo que nadie se esperaba y está a punto de prender en leña seca. Aumento de las gasolinas, depreciación de peso e incremento en las tasas de interés, igual a tormenta perfecta

Por lo pronto, “El Barzón” y diversas organizaciones campesinas ya hicieron un llamado a la movilización. Empresarios y productores advirtieron que el incremento de hasta 20% en las gasolinas afectará a toda la cadena productiva y provocará un aumento en los precios de la canasta básica.

Según los analistas financieros, el peso concluirá cuatro años consecutivos de saldo negativo, en los que ha perdido 61.18 por ciento frente al dólar para elevar el tipo de cambio de 12.8 a 20.7 pesos.

Imbuidos en la demagogia de siempre, senadores y diputados piden comparecencias, como si éstas hubieran servido de algo en ocasiones anteriores y mientras se siguen sirviendo con la cuchara grande entre aguinaldos y bonos extraordinarios. ¿Usted les cree? Yo tampoco.

Resulta que, según información del periódico Reforma, además del aguinaldo de 140 mil pesos, de su bono navideño de 150 mil y el apoyo para atención ciudadana de 141 mil, los diputados se asignaron de última hora otro bono de 109 mil 400 pesos.

Son 54.6 millones de pesos, adicionales a los 75 millones que se repartieron para el bono navideño. Los nuevos recursos deben ser justificados y gastados a más tardar hoy 31 de diciembre a fin de comprobar su uso dentro del ejercicio fiscal de 2016.

Seguramente la Cámara de Diputados no informará cómo ejerció ese gasto, pero eso sí, a fines de febrero ya estarán con toda la parafernalia abierta para pedir el voto en las elecciones intermedias, prometiendo gobiernos honestos y combatientes de la corrupción. Jajaja.

A diputados y senadores no les preocupa el gasolinazo, les vale sorbete la irritación social. Todos ellos cuentan con vales de gasolina, con cargo al erario. Sus declaraciones son para la prensa, no para solucionar nada ni para solidarizarse con el pueblo.

Ellos no nos explicarán por qué sus partidos han postulado a ladrones como gobernadores. Tampoco sabrán explicar el por qué bajo sus gobiernos de coalición y de alianza, se dan fenómenos de delincuencia extendida de la que sólo se dan cuenta hasta el final de cada mandato.

Ellos tampoco saben por qué en sus territorios gobernados, el crimen organizado se aposenta sin control alguno y por igual cobra derecho de piso que ordeña ductos de gasolina para revenderla entre la población.

Ellos argumentan que son “asuntos federales” y nunca saben por qué afloran negocios de la noche a la mañana en los que se lavan grandes sumas de dinero, de los que se sirven también sus gobernadores para amasar grandes fortunas.

El Gobierno mexicano investigó, de septiembre de 2015 a octubre de 2016, operaciones con recursos de procedencia ilícita por 17 mil 288 millones 411 mil 928.65 pesos, según informó el Presidente Enrique Peña Nieto.

El dato surgió de las respuestas escritas a los diputados federales, como parte de las preguntas parlamentarias del Cuarto Informe de Gobierno. Se recibieron denuncias de lavado de dinero por 858 millones 827 mil 755 dólares americanos; un millón de dólares canadienses y 10 mil 675 millones 582 mil 419.13 pesos.

Pero el dato pasó de noche entre fiestas decembrinas y festejos de fin de año.

México es un narco-país, tan alienado como lo estuvo Colombia en los 90s, con ramificaciones delictivas que todos conocemos pero que, al parecer nadie sabe cómo combatirlas. Las zonas vedadas van más allá de las montañas de Guerrero, Sinaloa, Chihuahua, Michoacán, Colima, Jalisco.

El crimen organizado arma fiestas y reparte regalos en las narices de los gobiernos municipales, estatales y del Gobierno Federal. Pero no es de ahora y no sólo con el PRI. En Tamaulipas el narco gobierna y administra los puertos marítimos, terrestres y aéreos.

Todos lo saben, pero negocian con ellos porque son, como Pablo Escobar en Colombia, los gerentes de esa fuente de riqueza que aceita campañas políticas y recluta contingentes para rellenar urnas.

Buscan a Tomás Yarrington, de Tamaulipas y a Javier Duarte, de Veracruz, como las cabezas visibles de esa relación mafiosa. Pero desde hace años se da este fenómeno sin que autoridades federales ni partidos políticos hayan hecho nada por cambiar las cosas.

Tal y como relata el diario Reforma, la llegada del panista Francisco García Cabeza de Vaca al gobierno de Tamaulipas no cambió las costumbres. El Cártel del Noreste repartió juguetes y cenas navideñas en Nuevo Laredo este fin de año.

Igual como lo hacían “Los Zetas” y el Cártel del Golfo en los gobiernos de Eugenio Hernández y Egidio Torres, que festejaban los días del Niño, de las Madres, de Reyes y la Navidad ante la vista gorda de todo mundo.

Ahora el nuevo negocio criminal se extiende a más de una decena de Estados de la República donde existe la venta clandestina de combustible sin que los Alcaldes ni los gobernadores tengan ningún tipo de intervención para combatirla, lo que hace pensar que están coludidos.

Gobiernos fallidos, dialéctica de la mentira y comunicación social rota. Esas son las interfaces que atrofian el sistema político y que vuelven a las Redes Sociales en la nueva arma poderosa, ya sea para esparcir parte de las mentiras o para dar salida a la irritación social.

En este año que entra, estaremos expuestos e inermes a la difamación y a la calumnia; a los mensajes disfrazados de noticia y a la verborrea de políticos que nos traerán el mismo discurso para ofrecer gobiernos comprometidos de los que luego se desentienden y luego expulsan de sus filas.

López Obrador podrá estar feliz. Su discurso prende como el gasolinazo en el ánimo de los mexicanos pero ¡cuidado! La mentira, como la miasma, flota. No vaya a ser que sus deseos se vuelvan realidad y después no sepa qué hacer con toda esa podredumbre.

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