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Corrupción frena el desarrollo económico de México: Peter Eigen

Ciudad de México a 03 de Mayo (LUIS RODMUN / INFORMACIÓN EMPRESARIAL).-“Quién esté libre de pecado que lance la primera piedra…”.  A Peter Eigen le acomoda bien la frase bíblica cuando señala culpables. Este alemán de 80 años de vida, quien es fundador de Transparencia Internacional (TI), primera organización internacional no gubernamental dedicada a combatir la corrupción, explica que ningún país del mundo se salva de ser corrupto. “…personas seguramente sí, países no”, responde cuando se le cuestiona si existen hombres y países sin este flagelo.

El organismo, constituido en 1993, aborda las facetas de la corrupción, tanto al interior de los países como en el plano de las relaciones económicas, comerciales y políticas internacionales.

Mediante su Índice de Percepciones sobre la Corrupción y sus capítulos independientes en más de 100 países, Eigen ha trabajado sin descanso para frenar tanto la oferta como la demanda de corrupción.

En la actualidad, Eigen, quien en algún momento de su vida sobornó a un policía de Ecuador, explica que ningún país debería estar condenado a convivir con la corrupción, y la afirmación de que algunas poblaciones son corruptas es, por sí misma, falsa.

¿Por qué existe la corrupción?

En Transparencia Internacional definimos la corrupción como el abuso del poder público para alcanzar fines privados. En aquellos entornos sin una fuerte base de ética pública, y donde las autoridades no se encuentran sometidas a sistemas de control y rendición de cuentas, se generan incentivos y espacios para cometer actos de corrupción. Por esto, luchar contra ésta tiene que ver con controlar al poder y fomentar valores públicos. La mejor receta para esto consiste en un enfoque holístico que contemple la promoción, evaluación y el fortalecimiento de lo que nosotros llamamos ‘Sistema Nacional de Integridad’ (SNI).

¿Por qué cambió al Banco Mundial por Transparencia Internacional?

Hasta principios de los años noventa pronunciar la palabra corrupción dentro del Banco Mundial era impensable. La ‘diplomacia’ en las relaciones internacionales volvía difícil abordar el tema de manera abierta y directa, ya que se temía ofender a los gobiernos y con esto disminuir las posibilidades de desembolso de créditos. Afortunadamente, bajo el liderazgo de Jim Wolfensohn, se experimentó un gran cambio de rumbo, hasta tal punto de que hoy el Banco Mundial considera a la corrupción como el obstáculo más grande al desarrollo. Por esto, posicionar el tema de la corrupción en el debate internacional y su lucha desde la sociedad civil se volvió una decisión estratégica. Transparencia Internacional estuvo entre los pioneros en poner el tema en la agenda, gracias a la publicación de instrumentos como el Índice de Percepción de la Corrupción y otras actividades que generaron atención y presión de tal manera que muchos gobiernos y agencias, como el propio Banco Mundial, se vieron obligados a prestar atención al problema, tanto dentro de sus propios programas e instituciones, como en los países en los que operan.

¿Cómo influye TI en gobiernos corruptos?

Cada año los gobiernos corruptos tienen que responder, ante la mirada internacional, a la imagen que tiene su país frente a un sector importante que es el que alimenta la información del Índice el sector empresarial. En este sentido, figurar con un nivel de percepción alto de corrupción puede tener implicaciones negativas muy concretas, como una baja en las inversiones extranjeras, lo que genera incentivos poderosos para que estos gobiernos tomen acción. Cabe señalar aquí que Transparencia Internacional siempre se ha pronunciado en contra de que se utilice el Índice como única fuente para informar y tomar decisiones relacionadas a inversiones comerciales o de cooperación internacional. No olvidemos que se trata de un indicador que mide percepciones, que en sí son un dato muy relevante, pero no para determinar este tipo de decisiones.

¿En una década, la corrupción ha disminuido?

Según el Índice de Percepción de la Corrupción y otras mediciones, la corrupción no ha disminuido ni en América Latina ni en el mundo. Sin embargo, reconocemos también que son procesos muy a largo plazo y que si aplicamos una mirada menos macro, podemos constatar iniciativas y reformas importantes en diferentes partes del mundo.

El logro más importante de la última década es que la corrupción pasó de ser un tabú a ocupar un lugar muy alto en la agenda global de prioridades de desarrollo.

¿La corrupción es un mal necesario?

Ningún país debería estar condenado a convivir con la corrupción, y la afirmación de que algunas poblaciones son corruptas es, por sí misma, falsa. Las encuestas de opinión pública en América Latina muestran que la gente ya no está dispuesta a aceptar la corrupción y que la perciben como problema de alta prioridad, tanto en su vida privada como en la vida política. Algunos economistas, por ejemplo, la consideran necesaria para acelerar trámites en contextos altamente burocráticos (como puede ser la apertura de un nuevo negocio). Sin embargo, esta perspectiva no ve el nivel agregado. La pequeña ganancia de uno solo no compensa la pérdida generalizada de la gran mayoría. Un espacio en donde todos hacemos trampa degenera en un sistema más costoso.

¿Cómo afecta la corrupción?

La corrupción conlleva daños sociales y políticos al atender intereses particulares y no el bien común de la sociedad. En lo económico, distorsiona la justa competencia sobre la base de precios, calidad e innovación llevando así a productos e inversiones de baja calidad y eficiencia. En lo social, impide que importantes recursos públicos se inviertan en infraestructura social, servicios básicos, etcétera. Y, en lo político, debilita a las instituciones democráticas, lo que se manifiesta en una pérdida de legitimidad y respaldo público. Dentro de este contexto los pobres son las víctimas más grandes de la corrupción al estar relativamente más golpeados por el impuesto regresivo de la corrupción que crece conforme bajan los ingresos de los hogares y al no poder comprarse el acceso a los círculos de poder.

Si los países funcionan con corrupción, ¿cuál es el escenario?

El tema es que no se puede hablar de países que funcionan con corrupción. Los daños de ésta están presentes en todas partes: pobreza, sistemas políticos desacreditados, deudas enormes, economías destrozadas. Tampoco conozco sociedades que la respalden, salvo los individuos que son parte de las redes corruptas. Si es que encontramos poca objeción popular el motivo puede ser resignación o ignorancia. En estos casos, se trata de generar conciencia sobre los derechos y demostrar que sí se puede generar cambio.

¿Hay solución para erradicar la corrupción?

No se va a erradicar completamente, pero en Transparencia Internacional creemos que los avances logrados hasta ahora muestran que sí se puede llegar a un mundo con niveles de corrupción considerablemente menores.

¿Cuál ha sido su mayor reto en TI?

Cuando empezamos con esta tarea, cosechábamos sonrisas. El tema era tabú y regían el cinismo, la resignación y la ignorancia con respecto a las posibilidades de lucharlo. El reto que enfrentábamos consistía en poner el tema en la agenda mundial. Hoy día podemos hablar de un movimiento anticorrupción que va mucho más allá de Transparencia Internacional y que incluye organizaciones de la sociedad civil, pero también instituciones públicas, gobiernos, sector privado y organismos internacionales. El reto ahora consiste en llevar el discurso a la práctica; lograr resultados.

 ¿Existen hombres y países sin corrupción?

Personas seguramente sí, países no. Existen personas muy íntegras que, más que a reglas y sanciones, responden a valores éticos. Estas personas son líderes y ejemplos imprescindibles en la lucha anticorrupción de los que hemos aprendido mucho y que en diversos casos enfrentan riesgos personales muy fuertes. Todos los años los honramos con nuestros premios de integridad a nivel global. En cuanto a países, no existe uno libre de corrupción. La diferencia entre naciones con mayor o menor corrupción consiste en que los primeros cuentan con sistemas y mecanismos para responder adecuadamente a casos de corrupción con lo que esto se convierte en la excepción y no en la regla.

¿Alguna vez en su vida, experimentó la corrupción, ya sea de un lado o del otro?

Yo recuerdo un sólo caso, hace muchos años, en la década de los sesenta, en Ecuador, durante un golpe militar. Pude convencer a un taxista a que me llevara al puerto para salir del país, a pesar de un toque de queda. Nos paró una patrulla militar. Puse un billete de diez dólares en el pasaporte para que me dejara pasar y alcancé el barco. Esto fue mi primer y último acto de soborno.

¿Quién tiene más culpa, el que corrompe o el corrompido?

Depende de los actores y las circunstancias. Si un policía exige un soborno a un ciudadano, este policía abusa de su cargo y responsabilidad pública. Al ciudadano muchas veces no le quedan muchas opciones y si no existe el temor de represalias, o se tiene confianza en los mecanismos de sanción, sólo se puede esperar que, tras haber efectuado el acto de corrupción, denuncie al policía. En negocios corruptos entre empresarios y funcionarios o políticos el tema no es tan claro y de todas maneras hay que hablar de responsabilidad compartida.

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